De cabaña de pastores a capital del esquí: la historia del nacimiento del Pas de la Casa

Estación de esquí en los Pirineos con montañas nevadas, teleféricos, edificios de hotel, un arroyo y ovejas junto a una cabaña de piedra

El Pas de la Casa no nació como una estación de esquí ni como un centro comercial: empezó siendo poco más que una cabaña de pastores en un rincón fronterizo de los Pirineos. Su transformación en menos de un siglo, hasta convertirse en uno de los pueblos más internacionales de Andorra, es una de las historias más singulares del país.

Una cabaña junto al río, en plena frontera

Antes de que existiera ningún pueblo, en aquel paraje solo había pastos de verano conocidos como la Pleta y el Saliner, donde ganaderos de la Cerdanya y de l’Alta Arieja llevaban su ganado. La única construcción era la llamada Cabana del Vaquer, una simple caseta de control del ganado. Fue allí, en 1928, cuando un hombre conocido como “Calones” (Miquel Montanya) pidió permiso al Comú para levantar una barraca junto al río, en la propia línea fronteriza con Francia. Ese gesto, casi anecdótico, se considera el germen del pueblo actual.

La carretera que lo cambió todo

Un año después, en 1929, la construcción de la carretera hacia Francia trajo consigo movimiento de trabajadores y, con él, la atención de las autoridades. Francia instaló una aduana en la zona y Andorra, poco después, un control propio. En apenas unos años, aquel paso de montaña dejó de ser un lugar de paso ocasional para convertirse en un punto estratégico entre dos países.

Barracas, comercio y los años del estraperlo

Con la Segunda Guerra Mundial y la escasez que sufría Francia, el Pas de la Casa encontró su primera vocación comercial. Comerciantes como Amadeu Cirici empezaron a traer mercancía desde el otro lado de la frontera española (alimentos, ropa, café, chocolate) para venderla a los visitantes franceses, favorecidos por una aduana permisiva. En pocos años, media docena de barracas de madera bastaban para abastecer a una clientela cada vez más fiel. Fue una época de barraquismo que las propias autoridades terminarían frenando, prohibiendo nuevas construcciones de madera y empujando, en 1948, la edificación del primer edificio de piedra del pueblo.

1956: el año en que llegó el esquí

La verdadera transformación llegó con la nieve. En 1956, Francesc Viladomat impulsó la construcción del primer telesquí del Pas de la Casa, una instalación de 2.000 metros que subía desde el pueblo hasta el Pic Blanc, a 2.500 metros de altitud. Se puso en marcha en el invierno de 1956-1957 y, casi de la noche a la mañana, cambió el destino del pueblo: de parada comercial de paso a destino de esquí capaz de atraer primero a clientela francesa y, después, también española.

De pueblo fronterizo a destino internacional

Durante los años sesenta el Pas de la Casa vivió una modernización acelerada: agua corriente, electricidad, teléfono, calefacción, escuela, farmacia, carreteras asfaltadas. En 1967 incluso recibió la visita del presidente francés Charles de Gaulle, que se acercó a conocer la estación de Sud Radio construida una década antes en lo alto del pueblo. El Comú d’Encamp reguló entonces el crecimiento con contratos de cesión de parcelas a setenta años, dando forma legal a una expansión que ya no se detendría.

Un pasado que pronto se podrá visitar

Hoy, casi cien años después de que “Calones” pidiera permiso para levantar su barraca, el Pas de la Casa sigue siendo sinónimo de comercio, nieve y montaña. El Comú d’Encamp y el Govern d’Andorra ya trabajan en un espacio permanente dedicado a esta memoria, que se ubicará en la oficina de turismo del pueblo. Mientras llega ese proyecto, conocer los orígenes del Pas de la Casa ayuda a entender por qué este rincón de los Pirineos, nacido de una simple cabaña, se convirtió en una de las localidades más singulares y visitadas de Andorra.

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